Sobre el chat de Cuba
La Habana Vieja huele a tabaco y a mar, y no es solo un verso de José Lezama Lima: es el olor que se cuela por La Rampa al caer la tarde, cuando los últimos almendrones amarillos hacen cola frente al Capitolio iluminado. Más allá del Malecón, donde los jóvenes se saltan las olas en motos oxidados, está Centro Habana, barrio que no pide permiso para ser auténtico: olores a fritura de malanga en cada esquina y el eco del son cubano hasta altas horas.
Si alguien busca el ritmo de una fiesta que no se apaga, que pregunte por el Carnaval de Santiago, donde las congas resuenan en cada callejuela empedrada y el aguardiente corre como el sudor en julio. Pero ojo, que no todo es fiesta: en Trinidad, la UNESCO premia las calles empedradas y las casas de techos rojos, donde los turistas se pierden entre museos y la salsa en cada bar sin pretensiones. Aquí no vienen a posar, sino a sentir el polvo de la tierra entre los dedos.
Última actualización: 14 de julio de 2026