Sobre el chat de Cabaiguán
Los cabaiguanenses se reconocen por ese aire tranquilo que se respira entre el tabaco y el olor a tierra mojada cuando llueve sobre los suelos pardos. No es un pueblo que se esconda: la gente sale a la calle a charlar en las esquinas, a tomarse un refresco en la bodega de la esquina o a ver pasar la vida junto a la Casa de la Cultura, donde los poetas locales leen versos entre risas.
La vida aquí huele a habano desde que amanece. En las afueras, la estación experimental del tabaco prueba nuevas variedades para los puros que luego llevarán el nombre de Cabaiguán a las tiendas del mundo. Por las tardes, en el centro, los carnavales dejan paso a las ferias donde se venden artesanías y se escucha música de guitarristas que recitan décimas sobre la marcha.
El río Tuinucú no entra al pueblo, pero marca su límite sur con su corriente lenta entre juncos. Más allá, los campos de tabaco se pierden en la distancia mientras los camiones de la refinería Sergio Soto rugen al atardecer. Aquí la gente no se queja del calor: lo usa como excusa para sentarse a hablar hasta que el sol se esconde.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026