Sobre el chat de Matanzas
El malecón de Matanzas, con el puente de La Concordia al fondo y el rumor de las olas rompiendo contra los farallones, es el mejor lugar para entender por qué llaman a esta ciudad «la Atenas de Cuba». No es solo por sus poetas —como Bonifacio Byrne o José Jacinto Milanés—, sino por el ambiente que late en cada esquina: las tardes de trova en el patio de la casa de la cultura, los domingos de rumba en el parque de Villanueva o el fresco de la brisa cuando el sol se esconde tras los mogotes.
Si pasas por el barrio de Pueblo Nuevo, fíjate en las casas de madera con postigos verdes: allí aún se cuecen tamales de maíz y se escucha el repique de las campanas de la iglesia de San Pedro Apóstol. Y si te gusta el arte, no te pierdas el Museo Provincial Palacio de Junco, donde hasta el techo guarda historias de piratas y esclavos. Eso sí, llévale un puro a algún abuelo en el parque de La Libertad: les encanta hablar de cuando la ciudad olía a caña quemada y a salitre.
Última actualización: 9 de agosto de 2026