Sobre el chat de Jiguaní
En Jiguaní la gente se reconoce a primera vista: el trato cercano de los jiguanieros no es de cortesía, sino de confianza. Si pasas por la calle principal cerca del mediodía, verás cómo los vecinos se saludan con un gesto o una palabra, incluso sin conocerse. Las aceras no son solo para caminar, sino para detenerse a comentar el tiempo, los precios de la leche recién ordeñada o los últimos chismes del pueblo.
Los ríos que cruzan el municipio —el Cauto, el Jiguaní y el Contramaestre— no solo riegan los campos de cítricos y tabaco, sino que también marcan el ritmo de la vida. Por las tardes, algunos se acercan a sus orillas a pescar o simplemente a descansar, mientras que en las zonas más altas de la Sierra Maestra, los ganaderos revisan el estado de sus rebaños antes de que anochezca. La villa, fundada como San Pablo de Jiguaní en el siglo XVIII, aún conserva ese aire de pueblo que crece entre la montaña y la tierra fértil.
Si te gusta el café bien fuerte y la conversación sin prisa, aquí encontrarás a alguien con quien compartirlo. Los jiguanieros no hablan de lo que pasa fuera, sino de lo que ocurre en el barrio, en la finca o en la cooperativa. Y si preguntas por el origen del nombre, prepárate para una respuesta que mezcla historia y leyenda: "Río de Oro", dicen unos; "Jiguaní", dicen otros, pero todos coinciden en que el agua y la tierra aquí siempre han sido generosas.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026