Sobre el chat de Cojímar
El nombre lo dice todo: en taíno, Cojímar significa «entrada de agua en tierra fértil». Un lugar humilde, de calles estrechas y brisa salada, donde el río del mismo nombre serpentea entre casas bajas y talleres de artesanos. Aquí no hay prisa, pero sí un ritmo marcado por el vaivén de las barcas que vuelven con la pesca del día y por el eco de los torneos de pesca de la aguja, tradición que arrancó en 1947 y aún hoy congrega a locales y curiosos junto al malecón.
El centro deportivo de Cojímar es otro de sus orgullos: 12 disciplinas donde han brillado nombres como Conchita Ibáñez o el Dr. José Yanes, fundador del Instituto Superior de Cultura Física. Las lomas Urnía y San Pedro, separadas por el río, son el escenario de entrenamientos y tardes de paseo, con vistas que van desde las calizas erosionadas por el mar —los llamados «dientes de perro»— hasta las terrazas que dibujan el relieve de esta llanura costera.
Si buscas autenticidad, aquí la encuentras en cada esquina. No hay hoteles de lujo ni avenidas anchas: solo el rumor de las olas rompiendo contra las rocas, los perros que descansan en los zaguanes y la sonrisa de quien te ofrece un café en una casa con patio. La villa panamericana le dio un empujón al deporte local, pero Cojímar sigue siendo ese rincón donde el tiempo se mide por mareas y canciones de trova.
Última actualización: 17 de septiembre de 2026