Sobre el chat de Florida
Lo que empezó como una expansión agraria a principios del siglo XX, Florida hoy es un municipio camagüeyano donde la tierra de flores se mezcla con el olor a caña quemada. No es un pueblo cualquiera: aquí la Carretera Central y el Ferrocarril Central lo articulan como un nudo de vida entre lo rural y lo urbano, con más de setenta y seis mil habitantes repartidos entre el casco y las comunidades del interior. Su nombre no es casual, y en sus calles se respira el orgullo de una historia que dialoga entre el campo y la industria.
Las fiestas campesinas son su seña de identidad: el 17 de mayo, día del campesino, los bandos Rojo y Azul se enfrentan en las Corridas de Cintas, donde jinetes a caballo ensartan argollas con precisión milimétrica. No hay mejor escenario para sentir el carácter de Florida que una tarde de torneos hípicos, rodeos y carreras, donde el polvo de la tierra y el sudor de los caballos se confunden con el alboroto de las reinas vestidas de azul o rojo. Y cuando termina la cosecha arrocera, las comunidades rurales celebran la Fiesta de la Espiga y los Granitos, un ritual que marca el ciclo de la tierra sin necesidad de calendarios.
Pero Florida también late al ritmo de su cultura: talleres de teatro que van desde Stanislavski hasta el vestuario, o de la rumba a la contradanza. El Museo General guarda historias que no aparecen en los libros, la Casa de la Trova alza voces que el tiempo no ha apagado, y el Cine Aurora sigue siendo testigo mudo de generaciones. No es un lugar de paso; es un sitio donde la industria azucarera, la pesca y hasta una fábrica de galleticas le dan forma a la vida cotidiana. Aquí se come pan y dulces, se fuma tabaco y se bebe sorbitol, pero sobre todo, se comparte el orgullo de pertenecer a un municipio que no olvida sus raíces entre el humo de los ingenios y el canto de los gallos.
Última actualización: 6 de septiembre de 2026