Sobre el chat de Umán
Umán significa ‘su compra’ en maya, pero también ‘su camino’. La ciudad lo recuerda en cada rincón: desde las calles empedradas de su centro hasta las entradas de los barrios, donde el vocablo resuena en conversaciones cotidianas. No es un nombre cualquiera; es el hilo que une su pasado con el presente. Quienes la conocen destacan, sobre todo, cómo los días grandes —como las fiestas del Cristo del Amor— transforman el aire en un aroma a leña quemada y a copal.
En septiembre, Umán se entrega al Cristo del Amor con gremios y alboradas que duran tres noches. No faltan los bailes de jaranas, donde los vecinos compiten con pasos que parecen volar, y la feria se llena de puestos que huelen a pan de yuca recién horneado. Cuando llega el primero de noviembre, las casas se llenan de altares con mucbil pollo y atole de maíz nuevo, mientras el chocolate batido con agua humea en tazas de barro. Son tradiciones que no se explican, se viven.
Quien pase por Hunucmá —a solo un paso— entenderá por qué Umán se siente diferente: no es Mérida, pero le debe mucho. Su gente lo sabe y lo presume en cada charla, sea en la plaza o en un café al borde del camino. Aquí no se habla del lugar, se habla desde él.
Última actualización: 17 de septiembre de 2026