Sobre el chat de Progreso
Progreso de Castro no nació como ciudad, sino como la respuesta comercial de Yucatán a mediados del siglo XIX. Cuando el puerto de Sisal, entonces el principal de la región, quedó pequeño para el movimiento de la agroindustria henequenera, el gobierno federal bajo el presidente Comonfort autorizó en 1856 el traslado de la aduana a este punto costero, más cercano a Mérida. Así, Progreso se convirtió en el puerto más importante del estado, un lugar donde el olor a salitre y el crujir de las maderas en el muelle definen su ritmo diario.
Frente a la llanura de barrera y los suelos rocosos típicos de Yucatán, las brisas marinas traen frescura a sus calles. Aquí, las lluvias de verano riegan las milpas de los campesinos y, cuando soplan los vientos del norte, los chubascos caen con esa constancia que solo conocen los que viven pegados al Golfo. La temperatura media, de 25,6 °C, convierte cada tarde en un paseo obligado hacia el malecón, donde el atardecer pinta de naranja las aguas tranquilas.
Lo que más sorprende a los que llegan es su mezcla de actividad portuaria y vida tranquila. En el muelle se cargan y descargan mercancías con Estados Unidos y Europa, pero al caer la noche, la ciudad se llena de familias que disfrutan de las heladerías frente al mar. Aquí no hay prisas, solo el sonido de las olas y el eco de una tradición que sigue viva: la pesca del pulpo en temporada, un manjar que se sirve en los restaurantes sin más pretensión que el sabor de lo auténtico.
Última actualización: 23 de septiembre de 2026