Sobre el chat de Monteros
Si pasas por Monteros y te topas con el Ingenio Ñuñorco al atardecer, entenderás por qué los monterosinos lo miran con orgullo: esa mole blanca entre cañas es el pulso de la ciudad. Aquí la calle huele a tierra mojada de azúcar y a folclore, porque en Monteros la vida se vive en las veredas y en los patios donde suenan zambas hasta altas horas. No es raro ver a un ñuñorquense —así se sienten cuando hablan del club de vóley que fue campeón nacional— charlando de la última función del festival "Monteros de la Patria, Fortaleza del Folclore", mientras los niños corren entre los pesebres que le valieron a la zona el título de capital nacional del pesebre.
La calle Mitre no es solo una vía: es el escenario donde los monterosinos dejan caer sus anécdotas entre un mate y otro. Aquí la gente no solo pasa, sino que se queda, porque en Monteros la hospitalidad se mide en porciones de chipá y en versos improvisados. Si la suerte te lleva hasta el cerro Ñuñorco, entenderás por qué le prestaron el nombre a un equipo de fútbol y a un ingenio: su silueta domina el paisaje como un símbolo de lo que es esta tierra, fuerte y trabajadora.
En Monteros no hay horarios para compartir: desde el amanecer en los ingenios hasta las madrugadas en peñas donde el bombo no para. Si buscas gente que hable de lugares reales y no de abstracciones, esta es la sala donde los monterosinos —desde los que cultivan caña hasta los que cantan folclore— se dan cita para contar lo suyo sin filtros.
Última actualización: 22 de septiembre de 2026