Sobre el chat de Dominicano
El merengue no suena igual en cada acordeón: aquí hay desde clásicos de Wilfrido Vargas hasta versiones modernas de Manny Cruz, pasando por debates sobre quién lleva mejor el ritmo, si el acento de Santiago o el de Santo Domingo. Los fines de semana, cuando en el chat se cuela un debate de qué merenguero de los 90 era más original, hasta los más jóvenes acaban aprendiendo que no todo empezó con Romeo Santos.
No solo entran melómanos: hay abuelos que recuerdan los primeros toques de Juan Luis Guerra en la radio del barrio, parejas que buscan la receta exacta del locrio dominicano para su aniversario y hasta turistas que llegan preguntando por qué el sancocho de los domingos huele diferente en cada casa. Lo que sí está claro es que aquí no se habla de dominicanidad con nostalgia de museo, sino con el fogón encendido: alguien comparte una foto de su plato de chicharrón y, en cinco minutos, otro le suelta que le falta un toque de ají picante de los de verdad.
Lo que más choca a los nuevos es que la sala no se llena solo de dominicanos: hay españoles que se engancharon al merengue en un viaje a Punta Cana y ahora quieren saber dónde comprar casabe auténtico en Madrid. También algún venezolano que extraña el mangú de su infancia y un puñado de argentinos que descubrieron el sabor de la bandera en un bar de Lavapiés. Todos acaban aprendiendo que, en este chat, la palabra "dominicano" no es un gentilicio, sino un código para saber que aquí el queso de cabra es frito, el café es de olla y los domingos no existen fuera del calendario.
Última actualización: 29 de septiembre de 2026