Sobre el chat de La Romana
El malecón de La Romana no es un paseo cualquiera: a la caída de la tarde, cuando el sol se esconde tras el Caribe, el aire huele a pescado fresco y a salitre mientras las luces de los bares de Bayahibe parpadean a pocos metros. No es raro ver a los locales sentados en los bancos de concreto, compartiendo un *mangú* con un trago de mamajuana casera o contando historias de los turistas que llegan a las playas de Bavaro, a solo 20 minutos en coche.
Si te acercas al centro, en la calle Duarte verás a las abuelas vendiendo *pastelitos* de yuca en los puestos callejeros, esos que crujen al primer bocado y que huelen a manteca derretida. Los domingos, el mercado de La Romana se llena de color: desde collares de ámbar de Higüey hasta mangos verdes con tajadas de sal, todo regado con el ritmo de la música de *gagá*, un género tradicional que aún resuena en las fiestas de la zona. Aquí no hay prisa: el tiempo lo marca la marea, y cuando el mar está bravo, hasta los pescadores más viejos se toman su tiempo para ajustar las redes.
Última actualización: 8 de agosto de 2026