Sobre el chat de Coristanco
El río Rosendo serpentea entre los verdes montes de Bergantiños, llevándose el rumor de las viejas calzadas. Por aquí pasó, hace siglos, la Vía XIX del itinerario de Antonino, y aún se alza el puente de Lubiáns —de cinco arcos en su origen, hoy cuatro— con su camino de losas gastadas por el tiempo. A pocos kilómetros, la torre de Nogueira alza su silueta gótica sobre el lugar de Nogueira, testigo mudo de los Bermúdez de Castro y sus intrigas medievales.
Coristanco no es solo un nombre en el mapa: es el sonido de la lluvia sobre las lagunas de Alcaián y Cuns, que se llenan en invierno como espejos rotos entre los montes. Aquí la gente no se pierde en lo cotidiano; habla de los puebleiros, de las brañas que guardan leyendas y de los atardeceres que tiñen de oro las piedras del puente. Gente de monte y de mar, con raíces que se hunden en el siglo XV, pero con la mirada puesta en los caminos que ya no pasan.
A veces se echa de menos que alguien recuerde cómo era antes, cuando el puente de Lubiáns servía para ir de A Coruña a Finisterre. Hoy, entre chateos y anécdotas, alguien seguro que lo hace.
Última actualización: 20 de septiembre de 2026