Sobre el chat de Galicia
Se oíste a esas voces que cantan en gallego por las calles de Santiago, no es brujería: es la Rúa do Franco a las tres de la madrugada, con el aroma del pulpo á feira pegándose a la piel y el vino ribeiro resbalando entre los dedos. Los vecinos de la ciudad vieja aún murmuran de cuando la Compostela medieval era solo un camino de estrellas, pero hoy es el corazón de una comunidad que respira entre el latín de las catedrales y el gallego de las panaderías de Teixeiro. Si pasas por O Pedrouzo, fíjate en cómo el monte Aloia se recorta contra el cielo: ahí el tiempo se queda quieto, como si Galicia no hubiera consentido que la modernidad le robara el alma.
En Pontevedra, donde el Lérez se enreda entre casas de piedra, la gente no habla de turismo: habla de la lluvia que lo empapa todo en octubre y de las castañas asadas en la plaza de la Herrería. Los de Ribadumia juran que su albariño sabe a salitre porque las vides beben el aire de las Rías Baixas, y en Lugo, la muralla romana sigue siendo la frontera entre el pasado y las copas de vino en el casco histórico. Pero quien quiera probar el auténtico sabor de Galicia, que se acerque a un asador de Orense en enero: el cocido de cuatro carnes y el vino mencía son la mejor bienvenida que nadie puede ofrecer.
Última actualización: 10 de agosto de 2026