Sobre el chat de Camariñas
Bajo el cielo plomizo que se funde con el Atlántico, Camariñas se agarra a la península como un faro entre olas y memoria. Los veranos aquí huelen a salitre y a algas secas, pero es en julio cuando la quietud del pueblo se rompe: el 16 de julio, la fiesta local atrae a quienes llevan años lejos, devolviendo al muelle el bullicio de otros tiempos.
Fuera de fechas señaladas, el encaje de bolillos teje la identidad de este rincón, mientras el Pulpo de Camariñas —famoso en toda Galicia— se prepara en las marisquerías con ese toque del mar que solo saben dar las aguas de la Ría. Al norte, el Cabo Villano vigila las corrientes, y en Camelle, la casa-escultura de Manfred Gnädinger sigue siendo un susurro artístico junto al rompiente.
El clima no perdona: el viento silba en invierno y la lluvia fina empapa incluso los veranos más templados. Pero quienes conocen estos parajes saben que es justamente esa dureza la que moldea su carácter, entre nieblas y luz rasgada que dibuja el horizonte de la Costa de la Muerte.
Última actualización: 15 de septiembre de 2026