Sobre el chat de Bailén
Los bailenenses son de los que no se quedan quietos: en las calles se nota el paso de la gente a cualquier hora, sobre todo cuando el calor de Sierra Morena se hace sentir. Da igual si es por la mañana temprano en el paseo de las Palmeras o al caer la tarde en la ribera del río Rumblar, aquí la vida se vive en la calle con naturalidad. Y no es raro ver a los más mayores contando batallas —o sus versiones— en los bares del centro, mientras los jóvenes pasan el rato en las terrazas con vistas a la autovía A-4, que aquí no es solo una vía de paso, sino parte del paisaje.
Lo que más une a esta ciudad es la memoria de la Batalla de Bailén, que cada julio inunda las calles con desfiles militares y procesiones. El día 19, cuando se conmemora la victoria, hasta los edificios parecen recordar el pasado con ese aire de solemnidad que deja huella. Pero no todo es historia: en los días de feria, el ambiente se llena de color con los fuegos artificiales sobre el paseo de las Palmeras y la Virgen de Zocueca recorriendo el pueblo. Eso sí, si preguntas por la ermita de la Soledad, te dirán que su camarín de yeso barroco es de los pocos que aún guardan ese aire antiguo que tanto les gusta a los de aquí.
Por las noches, el ruido de los coches en la A-44 o la A-32 se mezcla con las risas de quienes salen a tomar algo después de cenar. Aquí no hay hora para hablar de fútbol, de la última nevada en la Muela o de por qué el Guadiel lleva meses más seco de lo normal. Lo importante es estar, aunque sea solo para escuchar las anécdotas de quienes llevan toda la vida viendo pasar trenes —y tropas— por estas tierras.
Última actualización: 24 de septiembre de 2026