Sobre el chat de Villazón
Aquí arriba, donde el viento corta como cuchillo y el sol quema de día pero hiela de noche, el Altiplano no perdona. Villazón se ahoga en su propia aridez: 3.400 metros de altura, un termómetro que oscila entre los 5°C en invierno y los 14°C en verano, y apenas 350 mm de lluvia al año. La meseta árida no ofrece más que tierra seca y cielo inmenso, pero bajo ese silencio se esconde el latido de una ciudad que vive de espaldas a Bolivia y de frente a Argentina.
No es una ciudad cualquiera: es la puerta más transitada de Bolivia hacia Jujuy. Millares de personas cruzan la frontera cada día con pacas de mercancías a la espalda, ese 'comercio hormiga' que mueve toneladas de alimentos, electrónica y bebidas entre La Quiaca y Villazón. En el centro, las tiendas de textiles y aparatos eléctricos se apiñan junto a puestos improvisados; el aire huele a polvo y a transacciones rápidas. Aquí no hay lujos, pero los precios son bajos y eso basta para atraer a compradores de todo el norte argentino.
Y si el viento no te quita el aliento, el frío de la madrugada sí. Los vecinos lo saben: en junio y julio no hay escapatoria, el mercurio se desploma y hasta el agua de las casas se congela. Pero cuando llega diciembre, la estación húmeda trae consigo un respiro raro, esos 70 u 80 mm de lluvia que convierten el paisaje en algo menos desesperado. Entre tanto ajetreo comercial, algo queda claro: Villazón no es un lugar para quedarse quieto. O te mueves con el comercio, o el frío y la altura te pasan factura.
Última actualización: 13 de septiembre de 2026