Sobre el chat de Yacuiba
El aire huele a tierra mojada cuando el Chaco se despereza. En Yacuiba, entre el asfalto y los polvorientos caminos de tierra, el clima marca el ritmo: veranos que sudan bajo el sol y un invierno que apenas moja las calles. La lluvia en diciembre no avisa, llega de golpe y deja ese olor a monte recién lavado que ya conocen los de aquí.
La ciudad crece entre el monte chaqueño y el bullicio de la frontera. Aquí la gente habla del fruto de paba —la yacuiba— y de cómo el nombre del lugar se coló en las conversaciones entre el té de coco y el api caliente. No falta quien recuerda el verano cuando el calor aprieta hasta en las sombras, y el invierno, con su sequedad, casi obliga a refugiarse en las casas de adobe o en los patios llenos de plantas.
Lo que sí no falta nunca es el movimiento en la plaza o en los bares del centro. Gente que llega del campo, comerciantes que cruzan la frontera y jóvenes que buscan salir del calor bajo los árboles. Aquí no se habla de Yacuiba como un lugar cualquiera: el Chaco entero se siente en cada esquina, en cada plato de locro o en el olor a leña quemada de las tardes.
Última actualización: 27 de agosto de 2026