Sobre el chat de Turrialba
Entre la neblina que acaricia las laderas y el rumor del río Turrialba arrastrando historias, este cantón de Cartago se asienta en una llanura aluvial donde el barro y el agua han escrito el presente de sus gentes. A 646 metros sobre el nivel del mar, el paisaje se mece entre cultivos de caña de azúcar que en época de cosecha pintan el valle de verde intenso, y las fincas lecheras que desprenden ese aroma que solo conoce quien ha pasado por estos caminos.
Lo que más define a Turrialba no son solo sus cifras —29.620 habitantes, el cantón más extenso de Cartago—, sino su capacidad para sobreponerse. Las inundaciones históricas de sus ríos dejaron huella, pero también moldearon un carácter resiliente. Aquí el comercio aún huele a café tostado y a macadamia recién recolectada, mientras que en las décadas pasadas el látex de sus plantaciones llegó a convertirse en un insumo clave para la industria de preservativos, otra de las vetas económicas que muchos recuerdan.
El ferrocarril que unía las fincas del Caribe con el Valle Central ya no cruza estas tierras, pero su legado permanece en el trazado de las calles y en el orgullo de quienes vivieron su auge. Ahora, el silencio de las vías solo se rompe con el viento que trae el eco de la Autopista Braulio Carrillo, esa arteria que cambió el destino de la región para siempre en los 80.
Última actualización: 13 de septiembre de 2026