Sobre el chat de San Onofre
San Onofre huele a salitre y a parrilla de pescado a la brasa en las calles. Los sanonofreses, gente de trato cercano y voz serena, se saludan por las veredas del casco urbano o en el puerto donde atracan las lanchas que traen el día’s captura. Por las tardes, el murmullo del Arroyo Cascajo al llegar a la Boca de Zaragocilla se mezcla con el traqueteo de las bicicletas que van y vienen desde el centro hasta las playas de arena blanca.
Lo que más se habla aquí no es solo del clima, sino de los platos que se sirven en las fondas del malecón: el arroz con coco, el pescado frito con yuca y, por supuesto, los mariscos que el golfo de Morrosquillo regala cada mañana. Entre los jóvenes, es común que las conversaciones terminen en planes para ir a la playa de Tolú Viejo al atardecer, donde el sol se esconde tras las olas y el viento trae ecos de gaitas.
Los más mayores suelen recordar cómo era el pueblo antes de que las lanchas motoras acortaran el viaje a Cartagena. Hoy, el camino de tierra desde la cabecera municipal hasta las veredas sigue siendo el mismo: polvoriento en verano y lodoso en invierno, pero siempre con la misma bienvenida de los perros callejeros que ladran a los desconocidos hasta que alguien les grita un ‘¡calla, viejo!’ desde el porche de una casa de madera.
Última actualización: 19 de septiembre de 2026