Sobre el chat de Quillabamba
En Quillabamba se come con el viento cálido de la selva y el peso de los Andes sobre los hombros. No es un plato cualquiera el que aquí se sirve: el paco frito, ese pescado de río crujiente y adobado, es el que saca a la calle a los más curiosos. Le sigue el cada vez más raro chaque de plátano con gallina, un guiso donde la tierra y el bosque se dan la mano en cada bocado.
La fiesta grande es el aniversario de La Convención, que en julio desborda la ciudad de ferias con olores a asado y a humo de fogatas. Por las tardes, comparsas con trajes de colores serpentean entre puestos de comida mientras la música de charangos y tambores no deja silencio. No hay más que decir: quien haya estado en esas calles sabe que el aire huele a fiesta y a plátano maduro.
Quien pasa por Quillabamba suele quedarse por el valle, un lugar donde las haciendas de antaño conviven con el bullicio de un pueblo que mira al futuro pero no olvida sus raíces. Aquí la caña de azúcar no solo endulza el paladar, sino que aún retumba en historias de antiguos trapiches y en el sabor del aguardiente que se comparte sin prisa.
Última actualización: 20 de septiembre de 2026