Sobre el chat de Paz de Ariporo
En Paz de Ariporo los llaneros llegan hasta la plaza con las botas llenas de barro de la sabana, sin prisa pero sin pausa. No es un pueblo de prisa: se camina bajo el sol o se para a escuchar a un coplero que afina su cuatro en la esquina de la calle que baja al Vainillal. Aquí el ritmo lo marca el río Ariporo, que serpentea entre las sabanas y se lleva las historias de paso.
Los ariporeños se reconocen cuando hablan de Nuestra Señora de los Dolores de Manare, la patrona que atrae peregrinos y que tiene su santuario a las afueras, donde el Vainillal se llena de flores silvestres. También es tema seguro en cualquier conversación el folclore: el joropo, los pasajes y esos versos improvisados que suenan a tierra mojada después de la lluvia. Cuando cae el agua en la sabana, la gente busca refugio bajo los techos de bareque, esos ranchos tradicionales que aún se ven en las veredas.
Y si de comer se trata, aquí no se discute: la ternera a la llanera, el mute y el arroz con coco son plato obligado. Los domingos, las casas huelen a carne asada y a plátano maduro, y los niños corren entre las mesas de los parientes que llegan de las veredas cercanas.
Última actualización: 19 de septiembre de 2026