Sobre el chat de Nueva Granada
Nueva Granada no nació con ese nombre. Antes fue La Perulera y luego El Perú, hasta que en 1932 las autoridades del Magdalena lo cambiaron para distanciarse de un conflicto lejano pero que quemaba en los papeles. El bálsamo de tolú, ese aroma que huele a selva en un frasco, fue durante años el oro blanco del pueblo. Lo extraían de unos árboles que hoy ya no están, pero que dejaron huella en la memoria de quienes lo vivieron.
La cabecera municipal, con sus calles que se estiran junto al arroyo de Leticia, respira un aire tranquilo donde lo único que corre más rápido que el agua es el rumor de un nuevo cultivo o de un cargamento de tabaco listo para llevarse. Aquí no hay prisa, pero sí oficios que se heredan: cortar madera, cosechar y, sobre todo, saber esperar a que la tierra dé lo que promete.
Si pasas por allí, fíjate en cómo el sol se esconde tras los árboles de la zona alta. Es el mismo que bañó a los primeros que llegaron atraídos por el olor del bálsamo y la promesa de una tierra que no les fallaba. Quizá por eso, Nueva Granada no suena a nombre impuesto, sino a algo que se ganó con el tiempo.
Última actualización: 16 de septiembre de 2026