Sobre el chat de Moquegua
Los moqueguanos no se andan con rodeos: la calle es su salón, el andén de la Plaza Principal su escenario y el aroma a chicharrón de chancho moqueguano el que marca el ritmo. A mediodía, el sol pega fuerte sobre las casonas de techos en "mojinete" y las rejas sevillanas que guardan secretos de siglos, pero nadie se queja; aquí el calor se mitiga con un trago de pisco viejo o un alfajor de penco recién horneado en algún horno del barrio de Penco. Los mayores charlan en los portales mientras los jóvenes se apiñan en las esquinas, y si cae la noche, el murmullo del río Osmore se mezcla con risas y coplas de alguna fiesta lejana.
La gente de Moquegua tiene dos obsesiones que comparten en esta sala: las recetas que heredaron de sus abuelos y las fiestas que les roban el aliento. El 22 de julio, por ejemplo, todos saben que hay que estar en la plaza principal cuando suene la misa y la procesión de Santa María Magdalena, aunque el sacerdote llegue desde Ubinas o Arequipa. Y si es febrero, no hay quien se resista a hablar de la Virgen de la Candelaria en Torata o a los carnavales de Carumas, donde el polvo y la alegría se confunden. Aquí no se discute si el cuy frito es mejor que el picante de cuy: se comparte cómo se hizo y con qué se acompañó.
¿Buscas a alguien que te explique por qué la Fuente de Eiffel de la plaza tiene querubines en lugar de ángeles? ¿O a qué sabe realmente un suspiro moqueguano? En esta sala no hay turistas, solo moqueguanos —y quienes quieren serlo por un rato— que te dirán sin rodeos dónde probar la mejor patasca o por qué las rosas de manjar blanco son un arte. La noche cae rápido en el valle, pero en este chat la conversación nunca se apaga.
Última actualización: 16 de septiembre de 2026