Sobre el chat de Montecristo
La quebrada Montecristo marca el paso de los montecristinos. No es solo agua: es la única vía que une el pueblo con el mundo cuando la carretera se pone brava entre la Serranía de San Lucas y los pantanales de La Raya. Por ahí bajan las canoas con mercancía los días de sol fuerte, y los niños vuelven de la escuela chapoteando entre el lodo de las orillas.
La gente del lugar —los montecristinos— habla claro y rápido, como si el calor de los 28 °C no diera para más. En la plaza no hay discursos largos: las noticias corren de boca en boca entre el mercado de palma y los puestos de café en grano tostado al sol. Si pasas por el casco urbano, verás que hasta las sombras se acortan a esa hora en que el río Caribona arrastra el olor a tierra mojada.
Entre el complejo cenagoso de La Raya y el río Cauca, el terreno obliga a vivir pendiente del cielo. Cuando las lluvias se retrasan, todos saben que habrá que ajustar los cultivos de plátano y yuca; si el invierno arrecia, los caminos se cortan y Montecristo queda en silencio, solo roto por el rumor de la quebrada y las radios comunitarias que avisan del clima.
Última actualización: 21 de septiembre de 2026