Sobre el chat de Guayaramerín
La vida en Guayaramerín huele a río mojado y a leña quemada en las tardes. Los guayaramerinenses, mezcla de migrantes y locales, tejen la ciudad con el mismo ritmo que el Mamoré arrastra sus aguas: lento pero constante. Por la mañana, el puerto bulle con mercancías que llegan desde Trinidad o Santa Ana del Yacuma; al caer el sol, las calles se llenan de risas y olores a plátano frito y pescado fresco traído del Yata.
Cruzar la frontera con Guajará Mirín (Brasil) es pasear entre dos mundos en minutos: el astillero local reparte barcos que luego surcan el mismo río que baña ambos países. Los que se quedan en la ribera boliviana saben que Guayaramerín no es solo paso, sino destino: sus cultivos de yuca y arroz alimentan a más de uno, y el maíz dulce se mastica en las esquinas mientras se habla de negocios o de la próxima temporada de pesca.
Los domingos, el Beni y el Mamoré se abrazan en el puerto. Allí, la gente se saluda con un apretón de manos o un gesto desde lejos, igual que en el Mercado de Puerto Sucre, donde lo mismo encuentras un saco de fréjol que un anzuelo para la próxima excursión al Yata. No hay prisa, pero tampoco tiempo que perder: el río siempre avisa cuándo es hora de moverse.
Última actualización: 13 de septiembre de 2026