Sobre el chat de Gamarra
El sol cae sobre el río Magdalena y Gamarra se despereza en sus orillas cenagosas. Los gamarrenses bajan al malecón a refrescarse mientras las lanchas de pesca regresan con el botín del día: algún bocachico o moncholo que luego se asará en las parrillas callejeras. En el centro, la gente se saluda por apodos —‘¡Epa, Chonto!’— y el aire huele a hierba recién cortada mezclada con el polvo de la Ruta del Sol. Aquí la calle no es solo asfalto: es el escenario donde se vive el baile típico, la tambora, que retumba los viernes por la noche en cualquier esquina.
Las fiestas no son cosa de extraños: el 3 de noviembre el pueblo celebra su fundación con una feria que incluye desde juegos tradicionales hasta la procesión en honor a la Virgen de la Inmaculada Concepción. Y luego, en febrero, llega la noche del río, cuando el Magdalena se ilumina con faroles y la gente se reúne en la playa El Sordo para cantar y bailar hasta que el agua arrastra los últimos acordes de la tambora. No hay prisa, aquí el tiempo se mide por las mareas y los ciclos de la pesca.
Si buscas algo más que charla virtual, Gamarra te ofrece paisajes que no se olvidan: ciénagas donde el atardecer pinta el agua de naranja, y caminos polvorientos que llevan a fincas donde el ganado pasta bajo el sol de 31 grados. Aquí hasta el silencio suena a algo: al croar de los sapos en las noches húmedas o al motor de una canoa que se pierde entre la bruma.
Última actualización: 19 de septiembre de 2026