Sobre el chat de Chancay
El sol se cuela entre los postes de luz de la Panamericana Norte mientras los transeúntes cruzan rápido por Chancay. Aquí no hay prisas: el ritmo lo marca el vaivén del puerto y el olor a frejol colado que se escapa de las casas los viernes de Dolores. Los vecinos, muchos de ellos descendientes de los mitimaes incas y de los colonos chancas, se reconocen en la mezcla de ese pasado y el bullicio moderno que sube desde el malecón cuando llega la Semana Santa.
El puerto es el corazón vivo de la ciudad, pero no solo atrae a barcos: en marzo o abril la gente se junta en la plaza principal para acompañar las procesiones de madrugada, con las velas encendidas y el bizcocho chancay crujiente en la mano. Fuera de esas fechas, las calles mantienen el mismo ritmo tranquilo de siempre: los mototaxis serpentean entre las casas bajas y los niños juegan al fútbol en la arena de la playa, que brilla bajo el sol costero casi todo el año.
Chancay no es Lima, pero tampoco es un pueblo cualquiera. Aquí hasta el nombre huele a tradición: los más antiguos aún recuerdan cuando la villa se llamaba Arnedo, antes de que los incas dejaran su huella con sus mitimaes. Si quieres saber cómo se vive entre el puerto y la devoción, qué se cocina en las casas o por qué el frejol colado sabe diferente aquí, este es el sitio para preguntar.
Última actualización: 16 de septiembre de 2026