Sobre el chat de Celendín
Los celendinenses viven en una ciudad diseñada al español colonial. Calles amplias y rectas, manzanas ajedrezadas, el trazo que los Borbones impusieron en el XVIII. Fundada en 1796 a iniciativa del obispo de Trujillo, Baltasar Martínez Compañón, la ciudad llegó con colonos españoles, muchos gallegos, y familias portuguesas de origen judío, conversos que habían llegado primero al norte de Brasil. Algunos eran arrendatarios en la hacienda de Celendín; juntos levantaron unos 14.010 pesos para comprar la Hacienda de la Pura y Limpia Concepción de Celendín. La Real Cédula que oficializaba su creación data de 1802, firmada por Carlos IV de España en Elche en honor a la reina María Amalia de Sajonia: Villa de la Bella Amalia de Zelendín.
El clima de Celendín oscila entre templado y frío templado según la época: cálido algunos meses, lluvia de octubre a mayo. Temperatura templado de noviembre a abril, frío de mayo a septiembre, media de 15 grados. Es la ciudad donde el valle del río Grande se ensancha al centrooccidente. Quien crece en Celendín reconoce ese trazo ordenado de 1802, esas manzanas que los colonos españoles dibujaron en el altiplano cajamarcano. La ciudad es el resultado de un diseño exacto, de una voluntad de orden que se mantiene visible en sus calles.
Chatear sobre Celendín es hablar con gente que vive en una ciudad que fue fundada hace poco más de dos siglos con precisión geométrica. No es pueblo de tradición indígena antigua, sino de colonización española tardía. Eso marca diferencia con otros sitios de Cajamarca. La identidad celendinense está ligada a ese origen de ciudad «nueva» hecha por decreto, poblada por gallegos y conversos judíos, trazo colonial que perdura en cada calle.
Última actualización: 16 de septiembre de 2026