Sobre el chat de Venustiano Carranza
En Venustiano Carranza la vida se vive a ritmo de maíz, chile y cacao. Los carranzenses, gente cálida y acostumbrada al sol de Chiapas, se reúnen en la plaza a charlar entre crujidos de memelas recién hechas. Aquí el olor a pozol blanco se mezcla con el de los tamales de fríjol entero que venden en los puestos de la calle Real, mientras los vientos frescos de la tarde refrescan el calor subhúmedo del municipio.
Las calles del centro guardan memoria de los dominicos que evangelizaron a los tzotziles en el siglo XVI, cuando este lugar aún era San Bartolomé de los Llanos. Hoy, entre el bullicio de los mercados y el sonido de las campanas de la antigua parroquia, se escuchan historias que van desde los vestigios de Soyatitán hasta los sabores de la comida de fiesta, donde destacan los tacos de leche o el lomo relleno que se preparan cada vez que hay fiesta de carrerantes.
La gente aquí no necesita excusas para juntarse: un pozol en la mano, un turrón de yema o el paso de alguna procesión llena de color bastan. Los más jóvenes suelen sentarse en el parque o en los portales a hablar de fútbol o de los últimos bailes, mientras los mayores rememoran los tiempos en que Venustiano Carranza era ya un cruce de caminos para los pueblos tsotsiles y tseltales.
Última actualización: 15 de septiembre de 2026