Sobre el chat de Valls
Valls no nació como ciudad fortuita, sino como cruce de caminos donde íberos, romanos y luego cristianos dejaron huella. De aquellos tiempos queda el yacimiento de Picamoixons, prueba de que aquí el hombre se instaló mucho antes de que el río Francolí marcara el ritmo de la vida en el Campo de Tarragona. Hoy la ciudad respira entre el eco de los carros que desfilan en enero por el barrio antiguo durante los Tres Tombs, fiesta declarada de Interés Nacional, y el aroma a leña quemada que se escapa de las calçotades cuando el invierno aún no ha aflojado su frío.
Quienes pasan por Valls suelen coincidir en que tiene algo de pueblo grande y algo de ciudad pequeña: la escala humana se nota en el mercado semanal que Pedro el Católico legalizó en el siglo XIII, pero también en la Exposició i Concurs Internacional d'Aus de Raça, que atrae a criadores de medio mundo a un evento donde el plumaje y el canto se codean con el carácter vallense, más dado a la conversación que al alarde. El río Francolí, que baja desde las montañas, corta la ciudad en dos mitades que se miran sin prisa, como si el tiempo aquí se midiera en calçotadas y no en relojes.
Si buscas un sitio donde hablar de la última calçotada que te dejó los dedos negros, de la mejor ruta para llegar a Fontscaldes o de por qué los Tres Tombs de Valls son más complejos que los de cualquier otro pueblo, aquí estás en casa. No hace falta que seas de Valls para entrar: basta con que te guste hablar de sitios donde la tradición y el día a día se dan la mano sin aspavientos.
Última actualización: 13 de septiembre de 2026