Sobre el chat de Reus
El olor a salitre y el eco de los aviones del aeropuerto de Reus —a solo 5 km del centro— se mezclan con el bullicio del Mercat Central, donde las paradas de verdura fresca y el ajoaceite de las panaderías llenan las mañanas de un aroma que solo conocen los de aquí. Si pasas por la Rambla d’Arrabal al atardecer, verás cómo los bares de tapas se llenan de gente que pide un *rossellonès* —pan con tomate, embutido y queso— mientras discuten sobre el último partido del Club Gimnàstic. No es raro que, entre cañas, alguien suelte un *xino* cuando el viento sopla fuerte desde el Ebro, como si el tiempo se hubiera detenido en esta ciudad donde la modernidad convive con el peso de la historia.
Para los que no son de Reus pero quieren sentirse como uno, hay que probar el *butifarra amb mongetes* en el Bar El Tío Toni, en el barrio de Santa Creu, o perderse por los callejones del Centre Històric, donde cada portal esconde un taller de orfebrería o una tienda de componentes de coches —la industria local sigue viva—. Si vas en mayo, no te pierdas la Fira de Sant Pere, una fiesta que huele a pólvora, vino y empanadas, y que en los últimos años ha recuperado el *correfoc* de los niños con petardos caseros. ¿Vives cerca y no has entrado nunca en el Teatre Bartrina? Pues ya estás tardando.
Última actualización: 11 de julio de 2026