Sobre el chat de Tulum
El viento del sureste arrastra el olor a salitre y a tierra húmeda cuando amanece en Tulum. Las palmeras se mecen sobre la arena blanca, y detrás del pueblo, los manglares forman una muralla verde que separa el pueblo del mar. No es casualidad que los mayas llamaran al lugar Zamá, ‘amanecer’, porque aquí el sol se levanta sobre las aguas turquesas que bañan la costa de la Riviera Maya.
Por la carretera 307, que une Cancún con Chetumal, se llega a Santo Kaaj Tulum, el nombre que le dio la sacerdotisa maya María Uicab cuando fundaron el pueblo junto a las ruinas de la antigua ciudad maya. Aún hoy, los habitantes del municipio miran hacia el mar y hacia el monte, donde los vestigios de la cultura maya conviven con la selva que se extiende hacia el interior. El clima lo define todo: en verano, las lluvias llenan las ciénagas y el aire se carga de humedad, mientras que el invierno trae un respiro más seco, ideal para recorrer los senderos entre la vegetación.
Quienes viven aquí saben que Tulum no es solo un destino de playa. Más allá de los hoteles y los cenotes, el pueblo conserva un ritmo propio, marcado por el vaivén de los pescadores que vuelven al atardecer y por los olores de los puestos de comida callejera, donde el maíz y el chile definen los sabores locales. Las ruinas de la antigua ciudad maya, que dieron nombre al lugar, siguen siendo un punto de referencia para los vecinos, que las ven como parte de su historia cotidiana.
Última actualización: 23 de septiembre de 2026