Sobre el chat de Tlaltenango de Sánchez Román
El tlaltenanguense que vuelve al pueblo tras años fuera suele reconocer el sonido del río antes que el olor a tierra mojada. Ese rumor que baja de la Sierra de Cajones y cruza la cabecera municipal marca el ritmo de los días, sobre todo en temporada de cabañuelas, cuando diciembre y enero se mezclan con el estruendo de las aguas nieves.
Por la calle, entre el bullicio de la plaza y los portales que guardan el fresco de la mañana, se nota que aquí el carácter se forja con paciencia. Los más viejos aún hablan de cómo el río Tlaltenango era la carretera natural para los que bajaban al Teul, y aunque ahora la carretera federal ha tomado el relevo, el agua sigue siendo el hilo que une el pasado con las tardes de domingo.
Quien busca calor humano en esta sala encontrará a alguien que le hable de la fiesta de las aguas nieves o de por qué el maíz de estas tierras sabe distinto al de otros valles. Aquí no se anuncia nada: se comparte.
Última actualización: 23 de septiembre de 2026