Sobre el chat de Tequila
El Volcán Tequila corona el paisaje con su silueta alargada, mientras el cañón del Río Grande dibuja el suelo entre cerros rojizos. Al caer la tarde, cuando el sol pinta las laderas de ocre, los vientos que suben del sureste traen el aroma a cocimiento de agave recién cortado. Aquí el clima no regala heladas, pero sí una humedad que se cuela en los atardeceres y un fresco que se hace notar al anochecer.
La costumbre más llamativa no está en sus bares de tequila, sino en el ritual diario a las nueve de la noche: las tres campanadas del templo detienen cualquier actividad, hasta las parejas en la plaza principal se levantan de los bancos. Lo mismo ocurre en las cenadurías, donde las tostadas raspadas —de maíz tostado hasta quedar ásperas— esperan a los parroquianos mientras la música baja de volumen para escuchar la bendición.
Las calles empedradas de este pueblo jaliscience suben y bajan entre casas de adobe y techos de teja, donde los santos patronos y las imágenes de la Virgen de Guadalupe miran desde los altares familiares. No es solo el tequila lo que define a Tequila, sino ese aire de pueblo que se santigua a la misma hora en que el agave se corta y el río arrastra su corriente entre cañones profundos.
Última actualización: 23 de septiembre de 2026