Sobre el chat de Tala
El aroma a melaza se cuela por las calles cuando se acerca abril. No es casualidad: Tala huele a caña desde los tiempos en que el ingenio azucarero marcó su destino. Entre los campos dorados y el rumor del Río Salado, esta ciudad jaliscience vive al ritmo de sus tradiciones más arraigadas, como la Feria Nacional de la Caña, donde el dulce se convierte en fiesta y los visitantes se pierden entre juegos mecánicos y stands de artesanías.
Los balnearios termales son otra seña de identidad. En San Isidro Mazatepec, el agua caliente brota entre la tierra y forma piscinas naturales como las de San Antonio y Río Escondido, mientras que en Chorros de Tala una cascada de diez metros rompe el silencio del bosque. Los domingos, familias enteras llegan a refrescarse y a comer los elotes asados que se venden en las esquinas, sin más pretensión que disfrutar del paisaje.
Más allá de lo turístico, en Tala se respira trabajo. Las calles del centro bullen con comercios de primera necesidad y talleres donde reparan desde bicicletas hasta arados. Los ciclistas de montaña aprovechan el Bosque de la Primavera para hacer rutas que suben y bajan como olas, mientras que en los mercados se regatean los costales de maíz y garbanzo que luego se convertirán en tortillas y guisos. Aquí no hay que buscarle tres pies al gato: lo que ves es lo que hay.
Última actualización: 23 de septiembre de 2026