Sobre el chat de Montornés del Vallés
Los montornesencs no necesitan presentación: saben que el Congost les marca el ritmo, que el Mogent les susurra historias antiguas y que en el monte de Sant Miquel aún se percibe el eco de los íberos. Aquí la calle no es solo asfalto, es el hilo que teje el día a día: desde el polígono Riera-Marsà, donde el 65% de la gente labra su futuro, hasta el camino que lleva al castillo de San Miguel, testigo mudo de siglos de cambios.
Aquí se habla de lo que importa: de cómo el agua del Besós se forma donde confluyen estos ríos, de los restos romanos en Can Tacó, o de ese vicio por la tierra que aún resiste en las afueras. No es un pueblo de postales, es de gente que trabaja, que recuerda y que sigue adelante con los pies en la tierra y la mirada al horizonte.
Si pasas por la colina del castillo, fíjate en el terreno accidentado que baja hacia el valle: es el último suspiro de la cordillera Litoral antes de rendirse al llano. No hace falta ser experto para sentir que este lugar tiene capas: bajo la modernidad industrial late algo más antiguo, como si las piedras guardaran secretos.
Última actualización: 3 de septiembre de 2026