Sobre el chat de Mataró
Mataró huele a salitre al amanecer en el puerto, cuando los barcos descargan la pesca del día en el Mercado del Rastro. No es cosa de turistas: aquí los martes y viernes se llena de vecinos buscando boquerones frescos o sardinas para la brasa en la playa de Sant Jordi, donde el espigón rompe las olas en invierno y en verano se llena de familias con neveras portátiles.
La ciudad vive al ritmo de la cultura marinera, pero también tiene su lado más moderno. En el barrio de Cerdanyola, entre bloques de los 70 y tiendas de ultramarinos, los bares aún sirven una caña con bravas por menos de dos euros mientras suena el acento mataronés de fondo. Y si pasas por el paseo marítimo a las ocho de la tarde, no es raro ver a grupos de jóvenes tomando un vermut antes de ir a la fiesta de los Viernes del Convent, que llevan décadas llenando La Riera de música y risas.
Última actualización: 8 de agosto de 2026