Sobre el chat de Mapastepec
Entre los ríos Novillero y San Nicolás, que serpentean entre la planicie de Mapastepec, el aire huele a tierra mojada y a palma africana recién cortada. No es casualidad que el fútbol sea el deporte rey aquí: cinco campos —la pista, el 20 de Noviembre, Santa Cruz, Olimpia y Anáhuac— sirven de escenario a tardes enteras donde el balón no para de rodar. Pero el ritmo lo marcan los cauces fluviales, que arrastran historias desde los tiempos en que este pueblo mame tributaba pieles de jaguar a los mexicas. Hoy, sus aguas riegan el maíz que se siembra en más de la mitad del terreno agrícola, mecanizado con tractores que cruzan los potreros como si el tiempo no existiera.
Lo seco y lo húmedo se turnan en Mapastepec: de enero a septiembre, el calor y las lluvias lo dominan todo; de octubre a diciembre, el clima se vuelve semicálido, como si el municipio respirara distinto. En los mercados, entre el Soriana Express y el Mi Bodega Aurrera, se mezclan el aroma del café recién tostado con el de los plátanos que se apilan en los puestos. Los mapanecos, orgullosos de su tierra, saben que aquí el campo no es solo trabajo, es un estilo de vida que se respira en cada siembra de ajonjolí o en la charrería que practican en la Asociación de charros del centro de la costa.
Un dato que pocos mencionan es el cacao: aunque Chiapas es famoso por él, en Mapastepec se cultiva con un toque especial, casi secreto. Y no hace falta buscarlo en tiendas; basta preguntar en los puestos callejeros, donde a veces lo sirven en una taza humeante junto a un pan recién horneado. Aquí, hasta lo cotidiano tiene historia.
Última actualización: 19 de septiembre de 2026