Sobre el chat de Magdalena
Xochitepec, el viejo nombre de Magdalena, aún late en el recuerdo de quienes saben que este lugar nació entre cerros de flores. No fue casualidad: el paisaje lo delató antes que nadie, con lomas que se tiñen de colores cuando llega la temporada de ciertas plantas silvestres. La minería, que marcó un antes y un después en el siglo XIX, dejó huellas que hoy se exhiben en el Museo Interpretativo del Paisaje Agavero y la Minería, un espacio donde las piedras talladas por los antiguos teuchitlánes y los objetos de la tradición Guachimontones se mezclan con arte contemporáneo.
La altitud de Magdalena —casi mil quinientos metros— le da ese aire fresco que invita a pasear sin prisas por su plaza principal, donde el tiempo parece detenerse. Quienes llegan por primera vez suelen quedarse mirando los detalles de la parroquia, pero pronto preguntan por los alrededores: los senderos hacia lomas cercanas o los agaves que se extienden en las afueras, testigos mudos de una tierra que supo ser de mineros y ahora se recuerda como paisaje agavero.
Entre quienes conocen la sala, hay desde jóvenes que buscan el nombre de sus abuelos en los registros del museo hasta forasteros que llegan con preguntas sobre el origen indígena del lugar. Aquí no se habla de Magdalena como sinónimo de nada más, sino como el pueblo que heredó su nombre de Doña Magdalena, hija de Goaxicar, y que guarda en su suelo historias de cerros y flores.
Última actualización: 23 de septiembre de 2026