Sobre el chat de El Escorial
Los escurialenses van a lo suyo: te lo encuentras en la Milla Urbana de junio, con las zapatillas aún sudadas por el último repecho de la sierra, o en el pasacalles de San Bernabé, cuando el sol cae a plomo sobre la plaza y el olor a cordero asado se mezcla con el de la tarta de natas recién hecha. Aquí la calle tiene voz propia, y no es raro que un vecino te suelte un "¿qué tal la carne de la Sierra?" mientras te señala el asador de la esquina, donde el morcillo ya humea en la parrilla.
Cuando llega el invierno, la villa se viste de fiesta con los carnavales y el Viacrucis de la Cofrafía de la Vera Cruz, que recorre las calles empedradas con cirios que apenas dejan ver los rostros bajo los capirotes. En febrero, los disfraces invaden cada rincón, pero es en enero cuando la Hermandad de San Sebastián saca a la calle el santo entre cánticos y humo de incienso, como si el frío de la sierra no fuera con ellos. Y si el tiempo aprieta, siempre queda el refugio del embalse de Valmayor, donde el río Aulencia serpentea entre chopos y la gente va a pescar o a pasear el perro sin más pretensión que respirar aire limpio.
Los deportes aquí son cosa seria, pero sin presión: el Club de Atletismo Las Ardillas organiza carreras que acaban en el ayuntamiento, los piragüistas del Los Arroyos reman en aguas bravas cuando el embalse lo permite, y en el merendero del Batán, a la sombra de los álamos, los abuelos juegan al dominó mientras los críos montan en bici por el carril bici que bordea el arroyo. Lo que no falta nunca es conversación, y si te quedas callado demasiado tiempo, alguien te preguntará por el cordero de la abuela o por la última nevada en la Cruz Verde.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026