Sobre el chat de Castellbisbal
Bajo el cielo ancho del Vallés, donde el Llobregat serpentea entre huertas y el monte asoma al norte, se alza Castellbisbal. No es un sitio de grandes alturas, pero sí de contrastes: el valle se abre a los cultivos junto al agua, mientras que hacia Rubí y Terrassa la tierra se encrespa con torrentes y rieras que superan los 200 metros. Aquí el olor a tierra húmeda después de la lluvia se mezcla con el rumor del río, y los atardeceres tiñen de naranja las fachadas del casco antiguo.
Los Potarojos suelen decir que el pueblo vive entre dos fiestas: una de invierno, la de San Vicente el 22 de enero, con sus pasos y cánticos; y otra de verano, la de agosto, que celebra el agua y la luz llegada al pueblo hace décadas. No hay calles más transitadas que las que llevan al centro esos días, pero el resto del año el ritmo lo marca el río y la autovía A-2, que cruza el término como una cicatriz limpia entre campos y naves industriales.
Si te gusta pasear sin rumbo fijo, prueba a seguir el curso bajo del Llobregat desde el puente de la B-150 hasta donde la riera de Rubí se pierde entre choperas. O sube hacia el norte por las cuestas que esconden casas bajas y algún huerto olvidado. Aquí no hay miradores espectaculares, pero sí miradas que se pierden en el horizonte entre el monte y el llano.
Última actualización: 4 de septiembre de 2026