Sobre el chat de Boraure
En Boraure la vida se huele a tierra mojada cuando llega el invierno y los esteros se tiñen de verde con las boras. Los trinitarios, como se les conoce a sus habitantes, son gente que no necesita grandes discursos para ser hospitalaria: un gesto, una palabra en voz baja y ya estás dentro de la conversación, como si llevaras años yendo a la misma tienda o a la misma esquina.
La calle principal, donde confluyen los comercios de abastos y las panaderías que huelen a pan de horno de leña, es el mejor termómetro del día. Por la mañana temprano se oye el rumor de las conversaciones sobre el precio del café o el último concierto en la plaza; al caer la tarde, el aire se llena del sonido de las sillas de plástico arrastrándose hacia las aceras, como si toda la población saliera a tomar el fresco al mismo tiempo.
Lo que más sorprende es cómo Boraure se las arregla para mantener viva su esencia sin perder el ritmo de la modernidad. Los jóvenes entran y salen del liceo, pero muchos vuelven a sentarse en las mismas bancas donde sus abuelos charlaban; y es que aquí, aunque el tiempo pase, la conversación sigue siendo el verdadero deporte nacional. Eso sí, si quieres saber de dónde viene el nombre del pueblo, pregunta por las boras: son las que le dieron identidad a estas tierras.
Última actualización: 13 de septiembre de 2026