Sobre el chat de Caracas
El Guaire serpentea entre edificios que se encienden al atardecer, y en el horizonte el Ávila se recorta como un gigante dormido. Aquí, en Caracas, cada esquina tiene su historia: desde los bulevares de La Candelaria, donde el olor a café recién colado se mezcla con el humo de los autobuses, hasta los mercados de Quinta Crespo, donde se regatean mangas y cebollas bajo toldos azules descoloridos. La gente no se queda en lo mismo: un caraqueño puede pasar de discutir de béisbol en un bodegón de Catia a hablar de arquitectura brutalista en Los Caobos, sin cambiar de tema.
Los domingos son sagrados: en Los Jardines de El Valle, las familias se reúnen con sus perros y sus empanadas de pabellón, mientras los niños corren entre los juegos oxidados. Si vas a probar algo, pide una cachapa con queso de mano en el Mercado de Chacao o un tequeño relleno de pernil en cualquier esquina de Bello Monte. Y no te extrañes si al salir de un cine en El Rosal te topas con una manifestación espontánea cantando gaitas: aquí hasta el caos tiene ritmo.
Última actualización: 16 de julio de 2026