Sobre el chat de Bailadores
En Bailadores no solo se siembra café y maíz entre montañas y páramos que superan los tres mil metros. Aquí, en cada rincón de su plaza Bolívar, a mil setecientos cuarenta y cinco metros de altura, late el sabor de la mazamorra campesina con sus conservas de variada índole, un plato que huele a tierra mojada y a leña de fogón. Y es que no hay mejor forma de empezar una conversación que preguntar: «¿Qué conserva le echas a tu cuchute esta tarde?»
Las calles de esta población, una de las más grandes del suroeste de Mérida, se llenan de color los primeros días de febrero cuando se celebra la Fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria, patrona del pueblo. Los devotos visten de blanco y rojo, y los puestos de dulces de panela se mezclan con el olor a mondongo al gusto villorro. Pero no solo de fe vive este lugar: en agosto, las Ferias Agropecuarias y Artesanales celebran el maíz, el café y los tejidos que aún conservan técnicas de los antiguos timotocuicas.
Quien llega a Bailadores suele quedarse por el clima templado de dieciocho grados y medio, o por la cercanía a páramos como el de La Negra, donde el frío corta la respiración. Aquí se habla de cosechas, de las lluvias que mojan abril y mayo, y de cómo preparar el mute con un toque de ají que solo los abuelos conocen. Si buscas un sitio donde el tiempo parece detenerse entre platos y tradiciones, este es el lugar.
Última actualización: 22 de septiembre de 2026