Sobre el chat de Arcelia
Los arcelenses saben que viven en la Tierra Caliente de verdad: entre 22 y 34 grados todo el año, en esa sequedad que regala precipitaciones apenas entre 1100 y 1200 milímetros de lluvia. El nombre mismo es un homenaje: la combinación del apellido Arce y del nombre Celia, en honor a un militar y su esposa que ayudaron a que la congregación de Arroyo Grande se convirtiera en pueblo. Aquí la gente está acostumbrada al calor y a hacer de él algo útil.
Arcelia fue tierra de exportación: mangos, sandías, melones, papayas salían de allí hacia fuera. Lo que permanece es el trabajo manual que la define: huaraches de cuero con suela de caucho de neumático, tejidos y vendidos, un calzado tan cómodo como económico que según el cronista es simplemente la forma como visten los pies los hombres de Arcelia. También están los sombreros de palma tejidos a mano, aunque muchos se fabriquen ahora en Tlapehuala. La presa Vicente Guerrero y sus balnearios están ahí todo el año para quien quiera escapar del calor, y la gastronomía local es la que marca diferencia: mojarras empapeladas, conejo al mojo de ajo, iguana en salsa verde, tejón en chile rojo.
En la sala de Arcelia entran personas que hablan de cultivos, de la industria artesanal que no termina, de cómo se vive en la Tierra Caliente cuando no eres turista. Gente que conoce de primera mano esa combinación de trabajo agrícola y comercio que sostiene la región.
Última actualización: 23 de septiembre de 2026