Sobre el chat de Canals
Bajo el imponente Torreón de los Borja, esa vieja atalaya musulmana que vigila el valle desde el siglo XII, es donde muchos canalenses reconocen su pueblo. No es solo un monumento al pasado: desde ahí se domina el río Cáñoles y el contraste entre la llanura de la Costera y las estribaciones de la Serra Grossa. Por las mañanas, el aire lleva el aroma del arroz al horno que se cuece en los fogones de Canals, mientras que por las tardes, si coincide con enero, el eco de los «vitols» resuena entre las calles: «¡¡Vítol i vítol al nostre patró del poble!!», gritan los festeros, y la gente responde al unísono.
Las fiestas de enero son el alma de este pueblo. No se habla de otra cosa en Canals cuando se enciende la mayor hoguera del mundo, la foguera, y los parells reparten juguetes montados sobre caballos. Pero no todo es enero: en mayo, los festeros de La Torre sirven habas con hierbabuena a los visitantes, un plato que huele a tierra y a tradición. Y si te pierdes por el casco antiguo, la iglesia de San Antonio Abad, con su decoración churrigueresca, y el Oratorio de los Borja —gótico primitivo— te recordarán que aquí el pasado no es solo historia, sino también arquitectura que se toca.
Los que viven a caballo entre Canals y Alcudia de Crespins saben que este municipio no es solo un cruce de caminos: es un lugar donde las dos bandas de música —la Asociación Musical Canalense y la Unión Musical Santa Cecilia— ponen banda sonora a las verbenas. Si te gusta hablar de lo que se cuece en el pueblo, aquí no hay filtros: desde la ruta de los Borja hasta los secretos de la Cruz o la Atalaya, todo tiene su espacio. ¿Lo mejor? Que en esta sala no hay horarios ni listas de espera.
Última actualización: 22 de septiembre de 2026