Sobre el chat de Campo de la Cruz
Los campocrucenses no pierden el tiempo en salones grandes ni en formalidades. La vida en este pueblo, a trece metros sobre el nivel del mar y donde el Río Magdalena se cruza con el Canal del Dique, se vive en la calle: en el cruce de la troncal oriental o junto a las arcillas y limos que pisan desde hace siglos. Aquí no hace falta buscar excusas para charlar; basta con asomarse a la faja de terreno que se extiende entre el río y la carretera, donde la gente se para a mirar el agua o a comentar cómo el viento trae el olor a salitre desde el mar.
Todos saben que este municipio, fundado por los Melgarejo en 1634 como Puerto Real de la Santísima Cruz, guarda más de lo que parece. No es solo el paisaje de terrenos planos donde el agua dibuja el horizonte; es la forma en que se nombra cada rincón. Al oriente, pegado al Magdalena, la gente habla de la Segunda Capitanía del Partido de Tierradentro, esos asentamientos milicianos que dejaron huella en historias que se cuentan de abuelos a nietos. Por aquí no se pasa de largo; se para, se escucha y se responde.
Cuando cae la tarde, algunos se acercan hasta la orilla del río a ver cómo el sol se deshace entre el agua y el cielo. Otros prefieren quedarse en el centro, donde la vida se concentra sin necesidad de carteles ni horarios. Aquí nadie pregunta de dónde vienes; se empieza por lo que traes entre manos: el trabajo en los campos, las noticias del pueblo o el último chisme de la familia Melgarejo. Eso sí, si te quedas hasta que anochezca, no te pierdas el rumor del viento entre los árboles de la zona oriental; dicen que trae voces antiguas de cuando la Santísima Cruz aún era solo un nombre en los mapas de la Colonia.
Última actualización: 17 de septiembre de 2026