Sobre el chat de San Andrés Xecul
Entre la niebla que se enreda en los picos de Totonicapán, San Andrés Xecul se recorta con sus tejados de teja roja y las calles que huelen a leña quemada. A 2.445 metros de altura, el clima templado regala mañanas frías y tardes donde el sol calienta sin quemar, como si el tiempo allí se moviera al ritmo de los telares.
Los vecinos no solo siembran maíz y frijol en sus parcelas: tejen algodón en telas que visten a medio país, tallan muebles de madera que acaban en casas de ciudades lejanas y moldean ladrillos de barro que resisten el paso de los siglos. Cada casa es un taller, cada calle un escaparate de lo que sus manos saben hacer.
Cuando el viento arrastra el olor a candelas recién hechas por las esquinas, sabes que estás en un lugar donde la tradición no es nostalgia, sino oficio diario. Aquí la artesanía no se vende en vitrinas: se vive entre las manos de quienes la hacen.
Última actualización: 22 de septiembre de 2026