Sobre el chat de Salcajá
Bajo la sombra de los cerros La Victoria, Cerro de La Cruz y Cerrito del Carmen, Salcajá respira entre el frío de 21.9 °C y el aroma a maíz recién cortado. El río Samalá serpentea por sus tierras, llevando consigo historias antiguas que los salcajenses reconocen en cada piedra. Su nombre, de posible origen prehispánico, resuena en las calles del casco urbano, donde el 82.67% del territorio es ya ciudad, aunque el campo sigue tejiendo su economía con cultivos de frijol y chilacayote.
La tradición se ve en cada rincón: los tejidos típicos que aún se elaboran a mano y el caldo de frutas, ese licor artesanal que solo se prueba aquí y que los locales sirven con orgullo en días de fiesta. Los salcajenses no necesitan presentarse; basta mencionar el cerro de La Cruz o el río para que alguien asienta con la cabeza, como si esos nombres fueran un código entre vecinos que saben que, a 9 km de Quetzaltenango, hay un pueblo donde lo auténtico no se pierde.
Si te gusta el frío altoandino y las historias que no se olvidan, aquí no faltan compañeros de charla. Desde los que hablan de los yacimientos arqueológicos preclásicos hasta los que discuten el mejor modo de curtir cuero de venado, el debate siempre tiene sabor a Salcajá.
Última actualización: 22 de septiembre de 2026