Sobre el chat de Potrerillos
El aire se espesa con el olor a caña quemada cuando el viento baja desde las laderas del Cerro Brasta, donde el verde de los cultivos se mezcla con el rojo de la tierra erosionada. Abajo, el río Ulúa arrastra historias entre las raíces de los platanares, y en las tardes, el calor de 34 grados se corta con una brisa que viene del Comayagua. No es un lugar de postal; es un sitio donde la industria textil y los hornos de cal conviven con los ranchos de antes, junto al mismo río que vio nacer al pueblo en 1835.
Quien pasa por Potrerillos no busca un nombre en el mapa, sino el sabor del pan de yuca recién horneado en los comedores de la zona baja o el crujido de los cohetes que se fabrican en los talleres locales, parte de una tradición artesanal que no necesita fiesta para ser conocida. Más allá del bullicio de las maquilas, las tardes se llenan con el rumor de los motores de las lanchas que cruzan el Ulúa hacia San Pedro Sula, a solo 45 kilómetros, y donde la noche cae rápido entre el zumbido de las cigarras y el eco de la cohetería.
No hay que inventar excusas para hablar aquí: si quieres saber cómo se cultiva la tierra en las alturas, dónde empieza el monte que esconde la cueva La Leona o qué se cuece en los hornos de cal de los cerros, este es el sitio. La gente entra para contar esas cosas, no para presumir de paisajes.
Última actualización: 13 de septiembre de 2026